El presente documento analiza la situación del mercado laboral del aglomerado Gran Mendoza a partir de los indicadores de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondientes al cuarto trimestre de 2025, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Si bien la tasa de desocupación se mantiene en niveles relativamente bajos en comparación con el promedio nacional, el análisis integrado de la subocupación y la ocupación demandante de empleo revela un escenario de alta presión sobre el mercado de trabajo y un progresivo deterioro de la calidad del empleo disponible. En este sentido, se sostiene que el principal problema laboral en Mendoza no es la falta de empleo en términos absolutos, sino la insuficiencia de las condiciones laborales existentes para satisfacer las necesidades de ingreso y estabilidad de la población activa.
Este trabajo tiene como objetivo analizar los principales indicadores laborales del aglomerado Gran Mendoza, incorporando una mirada crítica y multidimensional centrada en la calidad del empleo y la presión real sobre el mercado de trabajo, más allá de lo que refleja la tasa de desocupación abierta.
Indicadores principales del mercado laboral en Mendoza comparados con el total nacional

Una primera lectura de los indicadores podría sugerir que Mendoza se encuentra en una posición relativamente favorable respecto al conjunto del país: tanto la tasa de actividad como la de empleo y desocupación se ubican por debajo del promedio nacional. No obstante, esta lectura resulta engañosa cuando se incorporan al análisis los indicadores de calidad y suficiencia del empleo.
En cuanto a la desocupación abierta, la tasa mendocina del 6,7% no solo supera en casi un punto porcentual a la registrada un año atrás —cuando se ubicaba en el 4,8%—, sino que representa un incremento interanual de 1,9 puntos porcentuales, lo que evidencia un deterioro sostenido de las condiciones de acceso al empleo en el período reciente. Si bien este valor se mantiene por debajo del promedio nacional del 7,5%, la tendencia ascendente constituye una señal de alerta que no debe soslayarse.
La subocupación en Mendoza es quizás el indicador más revelador de las tensiones estructurales del mercado laboral provincial. Con un 14,8% de la fuerza laboral metropolitana en situación de subocupación, Mendoza supera ampliamente el promedio nacional del 11,3%, registrando una brecha de 3,5 puntos porcentuales. Al desagregar este indicador, se observa que la subocupación demandante, es decir, aquella correspondiente a trabajadores/as que trabajan menos horas de las deseadas y buscan activamente ampliar su jornada que alcanza el 12,4%, mientras que la subocupación no demandante representa apenas el 2,4%. La marcada prevalencia de la subocupación demandante sobre la no demandante indica que la mayoría de los/as trabajadores/as en esta situación no lo hacen por elección, sino por imposición de las
condiciones del mercado.
El indicador de ocupados/as demandantes resulta igualmente alarmante. El 20,8% de la población activa de Mendoza, equivalente a aproximadamente 107.000 personas, se encuentra en una situación paradójica: tiene empleo, pero busca activamente uno diferente o adicional porque sus ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas. Frente al 16,5% registrado a nivel nacional, Mendoza exhibe una brecha superior a los 4 puntos porcentuales, lo que refleja una mayor insatisfacción laboral estructural en el aglomerado y una demanda contenida de mejores condiciones de trabajo que el mercado no logra absorber.
En términos de estructura del empleo, Mendoza coincide con la tendencia nacional, aunque de manera más pronunciada. El empleo asalariado formal se mantuvo prácticamente estable, con un leve incremento interanual del 0,1%, insuficiente para generar un impacto significativo en la calidad del empleo global. La expansión de la ocupación provino, de manera predominante, del cuentapropismo, que registró un crecimiento del 8% interanual, impulsado fundamentalmente por los no asalariados informales, cuyo incremento alcanzó los 12,1 puntos porcentuales en el mismo período. Este fenómeno es indicativo de una dinámica de autoempleo forzado o de
refugio, en la que los trabajadores recurren a modalidades informales ante la ausencia de oportunidades en el mercado formal. Como consecuencia directa, la informalidad laboral trepó al 43,3% del total de ocupados, consolidando un escenario de precariedad que afecta a casi la mitad de la fuerza de trabajo mendocina.
En síntesis, una vez incorporados todos los indicadores disponibles, el mercado laboral del Gran Mendoza no resulta más favorable que el nacional. Por el contrario, en dimensiones clave vinculadas con la calidad del empleo, como la subocupación y los ocupados demandantes, Mendoza se muestra notablemente peor. La tasa de desocupación abierta, levemente inferior al promedio, encubre una presión laboral real bastante más intensa y estructuralmente enraizada.
Presión sobre el mercado de trabajo y empleo insuficiente
La combinación de desocupación, subocupación y ocupación demandante permite construir una lectura más completa y realista del mercado laboral mendocino. Si bien la desocupación abierta se ubica en torno al 6,7%, los indicadores de subutilización del trabajo revelan una proporción significativamente mayor de personas en situación de insatisfacción laboral, cuyo alcance real trasciende con creces las fronteras de lo que miden los indicadores tradicionales.
En términos agregados, se estima que aproximadamente tres de cada diez personas económicamente activas en Mendoza presentan algún tipo de problema laboral, ya sea por falta de empleo, por insuficiencia de las horas trabajadas o por la necesidad de buscar mejores condiciones laborales. Esta cifra, que no figura en ningún indicador oficial aislado, emerge de la lectura integrada del conjunto de datos disponibles y constituye una representación más fiel de la situación real del mercado de trabajo provincial.
Este fenómeno pone de manifiesto que el mercado de trabajo mendocino no se caracteriza principalmente por la ausencia de empleo, sino por la insuficiencia del empleo existente para garantizar condiciones dignas y sostenibles de vida. En este sentido, se configura lo que puede denominarse un escenario de empleo incompleto o de baja calidad, en el que una parte significativa de la población ocupada no logra satisfacer sus necesidades mínimas de ingreso, estabilidad o desarrollo laboral. Este escenario tiene implicancias que van más allá del mercado de trabajo en sí, afectando los niveles de consumo, la cohesión social y la reproducción de desigualdades estructurales.
Estructura productiva y características del empleo
El patrón observado en Mendoza no es accidental, sino que se vincula de manera directa con las características de la estructura productiva regional. La economía mendocina se caracteriza por una fuerte presencia de sectores de servicios, comercio y actividades con marcado componente estacional, como la agricultura, en particular la vitivinicultura y la fruticultura, y el turismo. Estas actividades, si bien generan una masa importante de empleo, suelen hacerlo bajo modalidades de baja intensidad horaria, alta rotación y niveles variables de formalización.
En este contexto, la subocupación y la ocupación demandante no constituyen fenómenos periféricos o coyunturales, sino elementos estructurales y relativamente estables del mercado laboral provincial. La persistencia de trabajadores que desean y buscan activamente ampliar sus horas de trabajo o cambiar de empleo refleja una insuficiencia estructural de la demanda laboral de calidad: el mercado genera puestos de trabajo, pero no en la cantidad ni en las condiciones necesarias para absorber plenamente las necesidades y expectativas de la fuerza de trabajo disponible.
Esta brecha entre la oferta y la demanda de empleo de calidad constituye uno de los desafíos más relevantes para el desarrollo económico y social de la provincia, en tanto limita la capacidad de los trabajadores para alcanzar niveles de bienestar sostenidos y reduce el potencial de crecimiento del mercado interno regional.
Perspectiva de género en el mercado laboral mendocino
La estructura del mercado de trabajo en Mendoza presenta implicancias específicas e ineludibles desde una perspectiva de género. Las mujeres se encuentran notoriamente sobrerrepresentadas en sectores como los servicios personales, el comercio y el trabajo doméstico remunerado, donde predominan condiciones de mayor precariedad, menor estabilidad contractual y más bajos niveles salariales. Esta segmentación sectorial del empleo femenino no es casual, sino resultado de procesos históricos de división sexual del trabajo que persisten y se reproducen en el mercado laboral contemporáneo.
En este marco, es esperable, y la evidencia empírica tiende a confirmarlo, que las mujeres experimenten con mayor intensidad fenómenos como la subocupación y la ocupación demandante. Por un lado, la inserción predominante en sectores de baja intensidad horaria reduce su posibilidad de alcanzar ingresos suficientes. Por otro lado, la persistencia de las responsabilidades de cuidado no remuneradas —que recaen desproporcionadamente sobre las mujeres— condiciona su disponibilidad horaria y su capacidad de buscar o aceptar empleos de mayor dedicación o calidad.
Por el contrario, los varones presentan una mayor inserción en sectores como la construcción, algunas ramas de la industria manufacturera y el transporte, aunque estos ámbitos también se encuentran expuestos a la volatilidad del ciclo económico regional y a las fluctuaciones de la actividad productiva estacional.
En consecuencia, las desigualdades de género en el mercado laboral mendocino no se explican únicamente por diferencias en las tasas de desempleo. que, en sí mismas, pueden ser similares entre varones y mujeres, sino principalmente por la calidad del empleo al que acceden unas y otros, la disponibilidad efectiva de horas de trabajo, las condiciones de inserción laboral y las brechas salariales que persisten en prácticamente todos los sectores de actividad.
Conclusión
El análisis del mercado laboral de Mendoza correspondiente al cuarto trimestre de 2025 permite sostener, con base en la evidencia disponible, que los indicadores tradicionales de desocupación resultan claramente insuficientes para comprender la complejidad y profundidad de la situación laboral provincial. La incorporación de indicadores complementarios, como la subocupación y la ocupación demandante, revela un escenario de alta presión estructural sobre el empleo, en el que una proporción significativa de la población ocupada se encuentra en situación de insatisfacción laboral objetiva.
Este fenómeno pone en evidencia la existencia de un mercado laboral profundamente segmentado, en el que conviven empleos relativamente estables y formales con una amplia franja de trabajos precarios, informales o insuficientes. La expansión del cuentapropismo informal y el estancamiento del empleo asalariado registrado refuerzan esta dinámica de polarización laboral.
Desde esta perspectiva, el problema central del mercado laboral mendocino no radica en la falta de empleo en términos cuantitativos, sino en su calidad, suficiencia e integración al sistema de protección social. Esta distinción tiene implicancias directas para el diseño de políticas públicas orientadas al trabajo: las intervenciones centradas exclusivamente en la reducción del desempleo abierto resultan insuficientes si no van acompañadas de medidas que promuevan la formalización, mejoren las condiciones de los empleos existentes y atiendan las brechas estructurales de género.
En síntesis, Mendoza presenta un mercado laboral con desocupación abierta relativamente contenida, pero atravesado por una alta presión estructural y significativos niveles de subutilización de la fuerza de trabajo. Atender esta realidad requiere ampliar la mirada analítica más allá de las tasas de desempleo y reconocer que el empleo precario, aunque estadísticamente registrado como ocupación, representa en muchos casos una forma encubierta de exclusión laboral.